Filosofía (Entre Paréntesis), Reflexiones

Haciendo filosofía en casa

Una de las consecuencias de la crisis actual es el cambio de ámbito de la educación institucionalizada: de la escuela al hogar, del ámbito público al doméstico o privado. De hecho, se podría decir que el hogar siempre ha sido un espacio de educación, el primero en nuestras vidas, mas ahora se ha fusionado con ciertas funciones propias de la escuela. Esta situación genera distintos desafíos para la escuela, los y las estudiantes y los padres y madres. En este artículo nos enfocaremos en los últimos, hijos e hijas, padres y madres, reencontrados en el espacio del hogar, por periodos más prolongados de los que acostumbran y con nuevas responsabilidades, entre ellas, las relacionadas a la escuela. Particularmente, nos preguntamos si esta situación puede ser un espacio aprovechable para generar reflexiones filosóficas en conjunto.


¿Qué es la filosofía?

La reflexión filosófica es un examen crítico, el cual tiene un aspecto descriptivo: abarca lo real y lo posible. Asimismo, se suele expresar argumentativamente. Otra de sus características es que no se delimita a una región específica de estudio -como las ciencias-, sino que se ocupa de una dimensión básica o fundamental de cada cosa, cada sentido y disciplina [1]. Por ejemplo, la filosofía estudia al hombre, la sociedad, y el arte, entre otras cosas, pero no trata sus aspectos técnicos, cuantificables, sus características observables y medibles. Se enfoca, mas bien, en sus características y estructuras esenciales, invariables, las condiciones que la posibilitan, así como sus posibilidades no realizadas actualmente (aquí y ahora), además de los sentidos, conceptos e ideas que construye.

¿Por qué filosofía con niños?

En primer lugar, creemos que todas las personas tenemos la posibilidad de vivir esta experiencia y, de hecho, muchas veces la vivimos espontáneamente, aunque a veces también fugazmente. Los niños y niñas, precisamente, debido a su menor experiencia (e información) y, por lo tanto, mayor estado receptivo -en tanto todo es más novedoso- suelen tener muchas de estas experiencias, las cuales se reflejan en sus preguntas. Creemos que los niños y niñas,  como los adultos, pueden filosofar, lo que no significa, en ninguno de los casos, que de hecho lo hagan, sistemática ni constantemente. Se necesitan ciertos estímulos y condiciones para poder involucrarse en este tipo de experiencias y explorarlas.

En segundo lugar, creemos que esta experiencia es profundamente enriquecedora para todos los involucrados, tanto niños y niñas como adultos. Somos seres que hacen sentido del mundo que los rodeas, de los otros y de nosotros mismos. El examen nos da mayor comprensión de todo esto. Además, el examen reflexivo es un ejercicio de libertad, ya que nos permite pensar en las posibilidades de lo actual mediante nuestra crítica, y a partir de ahí, fijar metas de transformación [2].

¿Cómo hacer filosofía con niños desde casa?

Algunos pueden pensar que esta tarea es demasiado complicada. Pero si nos enfocamos en el cuestionamiento a través de diálogo reflexivo, podemos notar que es algo totalmente realizable. ¿Qué necesitamos? Un estímulo, preguntas y diálogo.

Respecto a los estímulos, creemos que diversos productos literarios, artísticos e incluso sucesos de la vida cotidiana, de la coyuntura (como las noticias), pueden servir para motivar el diálogo reflexivo. Además de los cuentos, libros y películas que pueden tener en casa, en internet hay muchos otros recursos, como videos, imágenes, juegos, etc. No creemos que los materiales empleados tengan que cumplir con un set de características específicas para motivar la reflexión filosófica. La idea es que estos estímulos llamen la atención e interpelen a los niños, niñas y jóvenes, lo cual depende de sus propios intereses y experiencia de vida particular, su contexto. Además, ya que los padres y madres también participarán del diálogo, la idea es que este material también los interpele a ellos y que estén dispuestos a escuchar lo que sus hijos e hijas tienen que decir con apertura.

Respecto a las preguntas, creemos que, antes que plantear las nuestras, es más interesante y provechoso para la reflexión que los mismos niños, niñas y jóvenes propongan sus propias preguntas y que estas orienten el diálogo. La actitud inquisidora de los niños y niñas es algo que usualmente se resalta en las propuesta de hacer filosofía con niños, pero reconocemos que a veces los hijos e hijas, sobre todo los más grandes, se resisten un poco a hacer preguntas cuando se les hace el pedido o indicación explícita. Por eso es tan importante la elección de un material que los mueva y haga que se cuestionen espontáneamente. Claro que los padres y madres pueden incitar la reflexión planteando sus propias preguntas o soltando alguna afirmación debatible, por ejemplo.

Por último, acerca del diálogo, la idea es que este se oriente por las interrogantes de los niños y niñas. No se trata de buscar una respuesta directa y simple a sus preguntas, sino que estas sean el mero punto de inicio de la problematización, a la exposición de las ideas encontradas. Podemos partir de una pregunta, descomponerla, analizar si tiene presupuestos o preguntas previas que deberíamos explorar. Asimismo,  podemos relacionarla a otras preguntas y temas. Por ejemplo, a partir de unas imágenes y un cuento sobre los animales y nuestra relación con los mismos, pueden surgir preguntas como ¿por qué los humanos maltratan animales? Para descomponerla, podríamos explorar qué presupone esta pregunta, esto es, que los humanos maltratan los animales: ¿los humanos maltratan a los animales?, ¿todos los humanos?, ¿a todos los animales?, ¿por qué algunos sí y otros no? Asimismo, podríamos relacionarla a preguntas como: ¿por qué cazamos animales?, ¿por qué los humanos comen animales si hay otros alimentos?, ,¿en el futuro se seguirá tratando igual a los animales? ¿por qué?, ¿los animales sufren como los humanos?, ¿cómo sabemos qué sienten los animales?, entre otras.

No creemos que haya algo así como un método infalible y único para realizar estas experiencias filosóficas con los niños y niñas, se trata de ensayar con diferentes formas, estímulos, y estar dispuestos a modificarlos. Asimismo, la elaboración de preguntas puede darse de diferentes maneras: de forma más espontánea, diciéndolas oralmente, o también pueden anotarlas en tarjetas o una pizarra, hacer un jarro de preguntas filosóficas, etc. El soporte físico puede ser una buena herramienta para llamar la atención de los niños y niñas hacia algo concreto. También pueden construir preguntas juntos, a partir de las preguntas de cada uno, relacionándolas o dividiendo y uniendo sus partes, etc.

¿Qué temas podemos abordar?

Creemos que este contexto puede ser particularmente propicio para discutir algunos temas. En efecto, la cuarentena nos puede hacer preguntarnos por diferentes temas y abordarlos de manera filosófica. Por ejemplo, el tiempo: ¿nuestra percepción del tiempo es igual siempre?, ¿qué hace que a veces sintamos pasar el tiempo más lento, otras veces más rápido?, ¿vivimos en el presente o nos proyectamos al futuro?, ¿por qué?, ¿cómo proyectarnos hacia el futuro, ahora que todo parece incierto?, ¿podemos determinar lo que pasará en el futuro cercano?, ¿a qué riesgos nos enfrentamos y cómo nos sentimos respecto a ellos?, ¿tenemos miedo?, ¿cómo lidiamos con nuestros temores?. Como pueden notar, estas preguntas no se pueden explorar de forma científica, no tenemos datos que recolectar, experimentos que hacer, etc., son cosas que tenemos que reflexionar, que podemos explorar a partir de nuestras preguntas y diálogo.

Otro tema, ahora que nos hemos visto confinados a un mismo espacio por un periodo prolongado de tiempo es el aburrimiento: ¿qué significa estar aburrido?, ¿que no tenemos nada que hacer o que no nos gusta lo que tenemos que hacer?, ¿cómo lidiamos con el aburrimiento?, ¿todas las personas se aburren en las mismas situaciones?, ¿el aburrimiento es un estado necesariamente negativo o hay algo positivo en él?, ¿qué podemos hacer cuando estamos aburrido?. Un tema muy relacionado a las experiencias de los niños en esta situación es la educación y cómo se está dando el paso de la modalidad presencial a la virtual, podemos cuestionar ¿cómo aprendemos?, ¿cuál es la relación entre aprender y enseñar?, ¿aprendemos todo lo que nuestros maestros quieren que aprendamos?, ¿se puede aprender a aprender?, ¿cómo se relaciona lo que aprendemos con lo que estamos viviendo?

Por otro lado, tenemos temas relacionados a la convivencia, como la familia y las labores de la casa: ¿todas las familias se llevan bien?, ¿tenemos que llevarnos bien con nuestra familia todo el tiempo?, ¿cómo lidiamos con los conflictos familiares?, ¿tenemos que ayudar con las labores del hogar?, ¿por qué?, ¿el tiempo de calidad en familia es necesariamente tiempo de ocio? En efecto, la cuarentena ha cambiado nuestra distribución de uso del tiempo: en el caso de lxs niñxs, han pasado de estar la mayor parte del día en el colegio, junto a sus amigos y maestros, a estar todo el tiempo en casa, en el caso de muchos padres, su trabajo ha sido trasladado al ámbito del hogar, lo que implica que ellxs tampoco frecuentan a sus compañeros de trabajo y demás amistades: entonces, podríamos preguntarnos ¿cómo se diferencian las relaciones familiares y las amicales?, ¿son unas más importantes que las otras?, ¿por qué?, ¿la distancia afecta nuestros vínculos amicales?, ¿cómo cuidar o mantener los vínculos amicales a distancia?. En efecto, no hay respuestas finales ni recetas simples para resolver estos problemas, requieren de pensarlos y repensarlos, de esbozar posibilidades, comparar alternativas.

Pero los temas exceden a las cuestiones puramente hogareñas. Probablemente muchos padres hayan tenido que explicarle la situación a sus hijos e hijas (¿por qué debemos quedarnos en casa?, ¿por qué no podemos salir?, ¿por qué la cuarentena se sigue alargando?), lo cual puede ser una situación provechosa para discutir sobre el papel del Estado, sus facultades, sus límites, etc.: ¿qué puede y no puede hacer el Estado?, ¿qué derechos puede limitar el Estado?, ¿hay derechos que no se pueden limitar?, ¿todo lo que hace el Estado es legítimo?, ¿qué pasa si no estamos de acuerdo con una medida estatal?

Por otro lado, a veces la gran cantidad de noticias, muchas llenas de tragedias, nos demandan pensar algunas cosas, como ¿por qué hay personas que no acatan la cuarentena?, ¿qué podemos o debemos hacer para ayudar a otras personas?, ¿tenemos alguna obligación para ayudar a otrxs?, ¿todos tenemos el mismo tipo de responsabilidad frente a la crisis? Justamente, no se trata de apabullar a lxs niñxs con temas difíciles, también se puede aprovechar el tiempo para reflexionar sobre otras cosas más cotidianas.

Finalmente, proponemos que este sea un ejercicio libre, que pongan en práctica cuando crean que tantos adultos como niños, niñas y jóvenes se sientan en una actitud o disposición propicia, con la apertura y curiosidad necesarias. No se trata de imponer un horario a cumplir, sino aprovechar las oportunidades que se nos presentan cotidianamente o los -ahora más numerosos- momentos de compartir entre padres, madres e hijos (como cuando se sientan a ver televisión en la noche, el desayuno, los cuentos o charlas antes de dormir, etc.). De hecho, es incluso una buena oportunidad para exponernos a ciertos productos culturales, como poesía, novelas, pinturas, etc. para los que usualmente no nos damos el tiempo, y no solo dejarlo en la mera recepción, sino discutir sobre ellos. Los animamos a abrirse a tener esta experiencia con sus hijos, sin duda no es la forma más ordinaria de pasar tiempo juntos, pero es una gran forma de vernos, explorarnos mutuamente y al mundo que nos rodea, y, así, aprender los unos de los otros, con los otros.

**En este link pueden encontrar materiales interesantes para trabajar. 

Notas:

[1] Lipman, M. (2004). Natasha: aprender a pensar con Vygotsky. Barcelona. Gedisa, p. 18.

[2] Como sugiere Kohan, “si no nos preguntamos por el sentido de nuestra vida, lo más probable es que vivamos de una manera más uniforme, fija, determinada o afirmando los sentidos que andan por ahí” (Kohan, W. [2016]. Viajar para vivir: ensayar. Buenos Aires. Miño y Dávila, p. 121).